sábado, 25 de julio de 2009

Amor de ultratumba I

Todos los sábados la serie erótica que te dejara helado...

EROS=NEKRÓS

Según la mitología griega, el principal responsable de la atracción sexual, del romanticismo y el amor era el dios Eros. En la actualidad, usamos la palabra erótico, para referirnos a todo lo que concierne a lo amatorio, lo sensual, y como no, el origen de esta palabra es un génesis divino, el de un Dios.

Yo también soy una Diosa, pero mi amor es mucho más exclusivo que el de aquel griego salido.

Para mí el erotismo, es el olor de un coño putrefacto e inerte, con una buena raya de coca en su monte de Venus. Sólo una mente tan privilegiada como la mía, puede experimentar el máximo placer que eso te proporciona; la frialdad de un cuerpo recién sacado del congelador, de aquella mezcla de olores y texturas que me evocan lugares paradisíacos y exóticos como la India o Tánger. La muerte ajena me da vida, y yo plasmo mi arte y mi amor con cada cuerpo que encuentro, cada historia que comparto con alguna de mis afortunadas musas, que me inspiran y hacen que mi vida merezca la pena.

¿Por qué me mira así?, ya sé, usted pensará “menuda loca bollera”, pero puedo asegurarle que yo no he matado a nadie. Esos cuerpos vinieron a mí, porque mi deseo hacia ellos es algo puro y nadie puede entender lo que yo siento.

-Yo no pienso nada señorita, me limito a preguntar, la opinión la dará en su debido momento un juez cuando dicte sentencia. A mí lo único que me interesa es, por qué había cuatro cadáveres en el congelador de su casa, y qué relación tienen esos cuatro cuerpos con los restos desaparecidos de la facultad de medicina. Por si usted no lo sabía, hace seis meses que desaparecieron cuatro cadáveres de un aula de anatomía de la facultad de medicina, y las pruebas realizadas a esos cuerpos revelan, que son lo que usted custodiaba en su casa. Así que déjese de contarme historias y dígame de una vez cómo se hizo con los cuerpos.

Usted sólo piensa que soy una enferma y eso no es así, yo doy un tipo de amor que nadie comprende, yo soy única en mi especie.

-(Gritando y golpeando la mesa), llevamos más de cinco horas con este puto interrogatorio y yo sólo quiero saber cómo coño ha burlado la seguridad de la Universidad para llevar y transportar cuatro cadáveres, y cómo ha podido mantenernos engañados durante tanto tiempo. Alguien ha tenido que ayudarle, ¿a quién protege? .Si sigue así más le valdrá que se busque un buen abogado, porque no está colaborando nada con el esclarecimiento de este caso, y todas las pruebas indican que usted es la responsable, pero que alguien tuvo que ayudarle.

Está bien, hablaré y así me dejará en paz, pero créame que conocer la verdad no le va a devolver la felicidad. Además, siempre va a aparecer otra incógnita que no va a poder resolver, porque son unos incompetentes y su café deja mucho que desear.

Yo estudié dos cursos de medicina en el extranjero, así que más o menos sé cómo funciona la vida en el campus. Obviamente no he podido continuar con mi carrera. Siempre he sido una alumna brillante y mis notas siempre fueron las mejores. Pero nunca entendieron mi modo de vivir mi trabajo.

Ha de saber, que yo no soy la única persona en esta ciudad que siente la muerte tan viva como yo. Hay personas muy influyentes que me han ayudado, que confían en mí, y que valoran mi arte y mi trabajo con mis musas.

-¿De qué personas se trata?, ¿algún decano?

Jajajaja, ¿acaso cree que le voy a dar nombres?. De mi boca no va a salir nunca nada, usted está muy equivocado.

-Siento decirle que la que está verdaderamente equivocada es usted, llévensela a los calabozos, por ahora usted está imputada por profanación de cadáveres, robo y allanamiento, y cuando nos lleguen las pruebas forenses y las huellas encontradas en su casa, encontraremos a los demás imputados.

Cree que ha ganado la batalla, pero recuerde que algún día morirá, y puede que su cuerpo sea profanado como usted dice…

-Ojos que no ven corazón que no siente… lleváosla ya, que su presencia me provoca arcadas.

Recuerden amigos, aún muertos sueñen despiertos
Félix Perea